domingo, 25 de junio de 2017

Crítica: “Riley in the Morning”, de Sandra Brown



Tópico harlequinero: matrimonio en crisis.
Bantam Books, diciembre 2001
Arte de portada © 2001 Marlies Najaka c/ o theispot.TM
Caligrafía © 2001 Ron Zinn


DATOS GENERALES
Título original: Riley in the Morning
Subgénero: contemporánea/Genérica
Fecha de publicación original en inglés: noviembre de 1985
Serie: Loveswept (LS) - 115

NO TRADUCIDA AL ESPAÑOL

SINOPSIS (de la contraportada)
La productora de televisión Brin Cassidy estaba dando la fiesta más grande de su vida. En medio de un caos total, ¿quién aparece a su puerta sin avisar? Su guapo esposo del que está separada, Jon Riley. Brin no sólo ha trabajado con la popular estrella de Riley por la mañana, sino que se enamoró de él y se casaron. Sabe que le debe una explicación de por qué se marchó. Pero ¿tenía que venir justo esta noche de todas las posibles?
Temperamental, carismático, y devastadoramente guapo con sus ojos azules, Riley era un hombre que sabía lo que quería, y no se marcharía hasta que lo tuviera. Pero la sensual y tenaz belleza a la que aún llama su esposa estaba totalmente a su altura. Desde el crepúsculo hasta el amanecer, los dos experimentarán una segunda luna de miel de pasión, seducción y profundas revelaciones que determinarán si hay algún futuro para Riley por la mañana.

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
No, la verdad, la compré en su día sólo porque era de Sandra Brown. Y no es de las mejores, la verdad.

CRÍTICA
Otra de las novelas que fui comprando poco a poco, para hacerme con toda la bibliografía de Sandra Brown. La leí en su momento y no me acordaba de nada, así que ha sido como leerla por primera vez.
Este tema de “matrimonio en crisis” suele funcionar muy bien en el formato corto, sean antologías, sean romances genéricos con cierta chicha.
Lo incluiría como una variante de las “segundas oportunidades”, uno de mis tópicos favoritos. El “matrimonio en crisis” tiene que estar cuidadosamente hecho: si están separados, tiene que ser por algo serio, pero no tanto como para que su segundo final feliz no sea creíble. Luego os cuento si me convenció o no cómo lo resuelve Brown.
Brin Cassidy es productora de televisión. Da una fiesta de cumpleaños para su jefe. Justo antes de que empiecen a llegar los invitados, ¡momento de pánico! Entre otros problemas, tiene una cremallera atascada y una barra de bar desatendida. Por si fuera poco, su jefe le ha hecho una propuesta que significa más sueldo, ascenso profesional y cambio de ciudad. Brin tiene que decidir, ¡ya!, si la acepta o no.
Así que no, no es el momento oportuno para que a su puerta llegue Jon Riley, estrella televisiva y marido del que lleva siete meses separada. Riley cree que ya es hora de que su mujer le diga por qué se marchó.
Brin reconoce que le debe una explicación, pero la verdad es que ahora tiene unos cuantos quebraderos de cabeza y no desea unir a ellos su guapo ex. Como Riley es de los que no acepta un “no” por respuesta y se niega a marcharse, Brin le pone a trabajar: él le arregla el tema del vestido y se pone a servir copas, algo que sale la mar de bien porque es famoso, encantador y bastante atractivo.
A lo largo de la noche, estos dos hablarán, se besarán, discutirán,… en fin, lo necesario para el final feliz.
Me resultó muy interesante la estructura del libro. Va desde el anochecer, cuando Riley llega a casa de su mujer, hasta el amanecer del día siguiente, cuando deciden darse una segunda oportunidad. Intercalados, en flash backs, te cuentan cómo se conocieron, se enamoraron y decidieron casarse. Y lo que ocurrió ese día en que Brin empezó a distanciarse de su marido. Me parece una forma de contar las cosas original y un poquito más compleja de lo habitual en un romance genérico.
Me gustó ver los aspectos de producción de un programa de entrevistas televisivas. En qué consiste el papel de Brin como productora. Cómo el gruñón Jon Riley se vuelve todo encanto cuando se enciende la cámara...
Eso es lo rescatable de esta historia: la ambientación y el estilo. Lamentablemente, no llegué a implicarme emocionalmente en la historia de estos dos, ni en sentir su enamoramiento ni su pasión.
El que no sepas desde el principio qué pasó para que se distanciaran, mantiene la intriga, pero al final no se resolvió de manera muy creíble. Ya lo he dicho: tiene que ser creíble, primero, por qué no están juntos y luego, porqué este final feliz sí que va a ser definitivo.
El motivo por el que Brin se marchó puede ser comprensible, pero no para tirarse siete meses sin hablarle. Es de esos que se solucionan hablando, viendo a ver qué se puede hacer para que Brin no se sienta así. Huir como adolescente abrumado por la vida no resuelve nada.
Esa incapacidad de Brin para comunicar sus inquietudes, y la de Riley para leerle la mente, no creo que esté bien solucionada al final. Sobre todo porque, inesperadamente, todo pasa a ser una especie de elección tradicional entre el trabajo y el matrimonio y, como siempre, parece que quien tiene que sacrificarse es la mujer, sin que sopesen otras alternativas.
Lo cual me lleva a otra reflexión que suelo hacer sobre el tema del suspense en general, tanto en este caso como en el de los thrillers o cualquier otra narración con su intriga. Vamos, que sería también aplicable a la investigación casi policial de Edipo de por qué se produce la peste en Tebas.
(Sí, una vez le leí a Steven Saylor que Edipo rey es la primera “novela policiaca” de la historia, con Edipo investigando el crimen, para esclarecer quien fue el autor, y con un giro final de los sorprendentes de verdad,… para quien no se conozca la historia, claro. Tampoco lo voy a destripar por si algún despistado aún no sabe quién mató a Layo, a pesar de que el cuento lleve 2.450 años rulando por ahí).
A lo que voy: el autor de la intriga puede dejar el misterio en la oscuridad, para que el lector lo descubra al mismo tiempo que los personajes, o bien contarlo desde el principio y que sean los personajes los que lo averigüen después.
La primera vía es recomendable cuando tienes una solución al misterio realmente sorprendente, de las que te dejan apabullada. En ese caso, mejor mantener la intriga hasta el final.
Pero la segunda es la que conviene seguir cuando la trama no es particularmente enrevesada y es fácil saber qué ha ocurrido o quién es el malo. Mejor que el lector sepa la tontada y la tensión nazca de lo que el lector sabe y los personajes, no.
El problema de este Riley in the Morning es que opta por lo primero cuando los motivos por los que Brin se mosqueó no me parecen suficientes para justificar su comportamiento. Te dices “¡vaya! ¿Así que era eso? ¿Y por eso se ha tirado más de medio año de morros?”. Te quedas con la impresión de que la próxima vez que se vuelva a sentir así, repetirá comportamiento.
Así que, aunque se trata de una novela con cosas muy interesantes, no sería de las que yo rescataría para que la cogieran y tradujesen al español.
Nov-1985, Bantam

Valoración personal: prescindible, 2

Se la recomendaría a: fans de Sandra Brown que quieran honestamente decir que lo han leído todo de la autora.

Otras críticas de la novela:
Como es habitual, no hay muchas críticas de cosas tan antiguas. Siempre tenemos Good Reads, donde alcanzaba una puntuación de 3.43 cuando lo miré.
Aparte de esa, sólo he encontrado un resumen detallado, en AllReaders.com.

Si alguien conoce alguna otra crítica de la novela, en inglés o español, siéntase libre de enlazar abajo.

2 comentarios:

  1. En su momento, como tu, coleccione todos los titulos de Sandra Brown, pero te confieso que tengo apenas el mas vago recuerdo de esta novela--y la verdad, no estoy tan segura de que no estoy confundiendola con alguna otra historia. En cualquier caso, no me siento muy inclinada a ir a desenterrarla.

    Pero eso si, disfruto mucho tus criticas :-)

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    Respuestas
    1. ... Y yo me lo paso muy bien escribiéndolas. Como son relecturas, me fijo más en la técnica, en cómo se cuentan estas historias, y no tanto en la trama, de la que a veces me acuerdo y otras veces no.
      Es fácil confundir unas con otras, porque hay tópicos que repite.
      Esta en concreto no merece la pena releerla.

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