lunes, 7 de noviembre de 2016

Crítica: “Cita con el destino / Más allá de la razón”, de Sandra Brown



Un harlequín ochentero agradable de leer

DATOS GENERALES
Título original: Love Beyond Reason
Subgénero: contemporánea/Genérica
Fecha de publicación original en inglés: 1981

SINOPSIS (según El Rincón de la Novela Romántica)
Cuando se publicó hace años en la colección Bianca, apareció con el nombre de “Rachel Ryan” y el título en español de Cita con el destino. Aquí os transcribo la sinopsis que aparece en El Rincón de la Novela Romántica:
Sólo verlo la hacía temblar de deseo.
Este cuñado que apenas conocía. ¿Qué crueldad del destino la empujó a ella hacia los brazos de él? ¿Por qué sufrió ella esa tentación de ceder ante sus impetuosas exigencias?
La arrogancia de Jason no conocía límites. Primero le pidió que le entregara su sobrina huérfana. Esa criatura que ella había jurado cuidar siempre. Ahora él le exigía casarse con él... ¡o perder a la niña en un juicio! ¿Cómo podía resistir ella? Katherine lo odiaba con ardiente pasión... sin embargo, su corazón la traicionaba susurrando: "Sí".

Más tarde la reeditaron como Más allá de la razón, y la sinopsis fue tal que así
Katherine Adams aseguraba que jamás cometería los mismos errores que su hermana Mary, que se había casado con un codiciado millonario, un hombre violento y mujeriego.
La misma noche en que Mary moría dando a luz un bebé prematuro, su marido, Peter Manning, fallecía también en un accidente automovilístico.
Katherine se hizo cargo de la pequeña Allison, a pesar de las amenazas y presiones de la familia Manning, y terminó por huir para poner a salvo a la pequeña.
Sin embargo, un día apareció Jason (en RNR lo llaman Jack, pero al menos en el original en inglés se llama Jason), el hermano de su difunto cuñado, para reclamar la custodia de la niña. Katherine deseaba creer que el atractivo Jace no pertenecía a ese mismo mundo de mentiras y secretos, pero podía ser destruida por una verdad que temía enfrentar...y por un amor irresistible.

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
Bueno, está bastante bien para ser una novela romántica genérica publicada hace… la friolera de 35 años. No la incluiría ni en las mil ni en las dos mil mejores historias… Pero ¿si me dices que entre las diez mil mejores novelas románticas de todos los tiempos? Entonces sí. Recuerdo que una vez hubo un lector que la presentó como una de sus novelas favoritas.

CRÍTICA
Sandra Brown publicó esta novela en 1981, bajo el seudónimo de Rachel Ryan. Aunque es famosa por los thrillers con elementos románticos que empezó a escribir casi una década más tarde, estos romances ochenteros son una perfecta lectura sin complicaciones para un día de playa, o una tarde arrebujada en el sillón mientras la lluvia golpea los cristales.
Pongo que es una cosa “harlequinera” pero en rigor no era de esa editorial. A principios de los años 80, casi cada editorial tenía su propia línea de romance genérico de este tipo. Esta novela la publicó en la línea Candlelight Ecstasy Romance, de la editorial Dell, en concreto el n.º 29. Según leo en la wikiromance “Como muchas editoriales de romances genéricos a principios de los 80, Candlelight fue víctima de las llamadas Guerras del Romance que agotaron a muchas editoriales y que con el tiempo llevarían a la adquisición de Silhouette por Harlequin”.
La protagonista es Katherine Adams, de veintisiete años. Trabaja en una oficina, pero sueña en convertirse algún día en escritora publicitaria. Su cuñado, Peter Manning, muere en accidente de tráfico. Su hermana Mary también fallece, al dar a luz. De ahí que Katherine deba hacerse cargo de la niña recién nacida. 
Pero los padres de Peter se plantean disputarle la custodia del bebé. Tienen dinero de sobra, influencia y poder. Katherine duda de sus posibilidades ante un tribunal, así que huye de Denver con la niña. Se refugia en una pequeña localidad del este de Texas, una zona boscosa, nada parecida a la imagen tópica de arbustos resecos cruzando carreteras polvorientas.
Todo va bien. Hasta que en su puerta aparece el hermano de Peter, Jason Manning (Jace para los amigos), un geólogo bastante distanciado de su familia. Este moreno de ojos azules llega con la intención de reclamar la custodia. Pero nada más conocer a Katherine, es amor (y lujuria) a primera vista. Así que tendrá que pensar un Plan B.
Sin prisas, empieza a disfrutar de la compañía de Katherine. Como si estuviéramos en una novela Regencia, no falta un baile al que ella acude con un estiloso vestido de crepé color verdemar de aire griego, con un hombro desnudo y el otro atado con un elegante nudo. ¡Eh, son los ochenta! Ese tipo de diseño desigual se llevaba. Y es una heroína Sandra Brown, da lo mismo que no tenga demasiado dinero: siempre saben estar espléndidas.
Los abuelos quedan en segundo plano, mientras Katherine y Jason se van conociendo. Cuando una repentina llamada telefónica los devuelve a la realidad, él propone como solución el matrimonio que acallará a los Manning.
O sea, que ya tenemos aquí el tópico de novela romántica que se sigue aquí: el matrimonio de conveniencia, algo realmente raro en una contemporánea.
La historia continuará por derroteros algo predecibles. Pero una de las cualidades de Sandra Brown es intentar no repetir personajes o ambientes, de manera que cada historia resulte única. Aunque el título original “Amor más allá de la razón” (que aquí se tradujo primero como “Cita con el destino” y luego como “Más allá de la razón”) puede hacer creer en una relación enloquecida y apasionada entre personajes totalmente desequilibrados, los tiros no van por ahí. Los protagonistas son bastante reservados, independientes y no se dejan llevar por el melodrama; a veces, incluso, despliegan un humor muy sutil. Más que expresarse con palabras, se comunican con besos y abrazos.
Las escenas eróticas son fogosas, pero nada demasiado gráfico o extraño.
Casi al final, aparece un personaje muy habitual en aquella época: la “otra” que siempre es malvada para contrastar con la bondad y perfección moral de la protagonista. En este caso la ex de Jason: morenaza, con uñas pintadas de rojo y (ella sí) algo tarada.
Resulta muy moderna la naturalidad con la que Jason comparte las tareas domésticas y se implica desde el primer momento en el cuidado de la niña, protagonizando momentos muy tiernos. Demuestra que no se pierde la virilidad por andar cambiando pañales. Para ser de los ochenta, es poco avasallador, sólo algún beso no pedido o alguna vez que la agarra fuerte del brazo. Pero reconozco que tiene bastante paciencia con las inseguridades de Katherine.
También es interesante ver retratado al típico maltratador, encantador al exterior y un monstruo en casa. O que haya una escena de acoso sexual en el trabajo. Se ve que es un poco viejuna porque en este tema, la protagonista ni por un momento piensa en demandar al cerdo ese, sólo Jason, haciéndose cargo, amenaza con ello para que le despida.
Se nota el paso del tiempo en cosas como que él le regala a ella una máquina de escribir eléctrica y ella se sube a la lámpara del entusiasmo. Yo viví eso, ¿vale? Pasé de la máquina mecánica a la eléctrica y luego al ordenador y no os podéis imaginar el entusiasmo que supuso lo de la máquina eléctrica.
Eso sí, las cintas eran carísimas, y no las podías usar y reutilizar hasta que se agotaba la tinta.
Como le pasa a Jason, más nos sorprende toparnos con una mujer perfectamente sana y atractiva de 27 años que aún mantiene su virginidad. Pero eso es algo que cabe disculpar en una obra de los ochenta; cosa diferente es que, tantos lustros después, siga apareciendo en el género contemporáneo el mismo y cansino tópico, abusando de la credulidad del lector.
Dentro de lo que es este tipo de novelas, y producidas en los ochenta, aún se puede leer de manera bastante agradable. Nada que ver con los machismos de por ejemplo, las genéricas de Linda Howard de la época.
Los estereotipos de género salen más en detalles como que a Allison, siendo un bebé niña, le dicen lo típico, que qué mona es, qué guapa va a ser y tal, esas cositas que demuestran que a los bebés niñas se les trata de forma diferente a los bebés niños.
Valoración personal: bueno, 3

Se la recomendaría a: los aficionados a las novelas tipo Harlequín y los fans de Sandra Brown.

Otras críticas de la novela:
Algo tan antiguo es difícil que tenga críticas en internet. En El Rincón de la Novela Romántica hay dos críticas de este libro, una de ellas, es una versión anterior mía.
 Aquí, Publisher’s Weekly habla de la edición en audio. Y, por cierto, le cambian el nombre a la prota, que ahí se llama Kathryn.
Como siempre, en Amazon.com y Good Reads hay comentarios de lectores, pero eso como son páginas tan populares, ni las enlazo.

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