lunes, 15 de agosto de 2016

Lo fácil de leer es terriblemente difícil de escribir




La cita que encabeza este artículo la he visto atribuida a Maya Angelou y también a Nathaniel Hawthorne. Igual no la dijo ninguno de los dos.
Pero me gusta cómo suena.
Recuerdo una anécdota sobre la “facilidad” de la romántica. Lamentablemente, he olvidado la protagonista. Leo tantas cosas en tantos sitios que me resulta imposible recordarlo todo.
Era algo así (más o menos, la memoria siempre es creativa):

Una escritora de novela romántica decía que cuando en una reunión social cuenta cómo se gana la vida, siempre hay caras de circunstancias. Suele encontrarse con el típico sobrado que dice que esas son muy fáciles de escribir, que no tienen ningún mérito, que él mismo podría escribir una entera antes de desayunar y ganar dinero sin despeinarse. Durante años ella se defendía sin encontrar más que escepticismo. Hasta que un día decidió cambiar de estrategia.
Empezó a decir algo así como “vale, hacemos una cosa, no me escribas un libro entero, pero sí al menos un capítulo, que ya se lo haré llegar yo a la editorial. Siempre andan en busca de gente nueva”…
A partir de entonces, tapó bocas. Porque nadie, nadie, le fue nunca con ningún capítulo escrito “antes de desayunar”.

Cuando la gente que no conoce el género piensa en romántica, lo primero que le viene a la cabeza es la novela rosa tipo harlequín, y creen que por su sencillez son muy fáciles de escribir. Pero, como digo, toda novela exige un trabajo.
Sin embargo, la novela romántica actual es mucho más que harlequines: más extensión, unas más elaboradas y otras menos, unas angustiosas y melodramáticas, y otras ligeras y adorables como pompas de jabón.

Desde esta perspectiva, es razonable (aunque ya vimos en el primer artículo que puedes encontrar antecedentes bastante más antiguos) ver el inicio del género en la publicación de La llama y la flor (1972) de Kathleen Woodiwiss. Sí, era romántica, pero…
No breve como sus predecesoras.
No blanca sino sensual. Por primera vez hay sexo explícito,… aunque sea una (o más) violaciones de la heroína.
La primera edición que Avon publicó en 1972 optó por el formato rústica, algo habitual en los harlequines pero que no lo era tanto en las novelas largas.
Y ya nada fue igual. Millones de lectores.
Quien no lee romántica no percibe esas diferencias. Para ellos, la novela romántica sigue siendo Barbara Cartland y Corín Tellado. A muchos les sorprendería darse cuenta de que dentro del género romántico se encuentran las Sombras de Grey (subgénero erótico), o Bridget Jones (subgénero chick lit).
Incluso hay autores de romántica que se resisten a que se los incluya en un género de tan mala prensa, como Diana Gabaldon o Federicco Moccia. ¿Y sabéis qué pienso? Que las páginas de romántica deberían dejar de hablar de sus libros. Que blogueros de otros géneros les hagan la publicidad gratis. A ver si los encuentran.
Creo que ayudaría a ver más claramente lo que es la novela romántica un estudio amplio que rastree en los distintos idiomas en busca de historias de amor que acaben bien.
Habría que empezar por el estudio dentro de cada idioma: no sólo el romance inglés, sino también la novela rosa española, el romanzo rosa italiano, las obras en francés (roman d'amour o, peyorativamente, roman à l'eau de rose) o en alemán… O en otros lugares del ancho mundo; de hecho, ya comenté aquí que había novela rosa en idioma hausa (Nigeria).
Pero, después, habrá que ver si existe comunicación entre idiomas o son tradiciones locales como compartimentos estancos. ¿Hay algún lazo de unión entre la novela romántica en los diferentes idiomas?
Nada se crea de la nada. Todos los literatos tienen sus antecedentes, los libros que llevan en la mochila, los que han querido tomar como modelo a imitar o como punto de partida para desarrollar su creatividad.
La romántica en español, mi gran desconocida, ¿entronca con el idioma o con las contemporáneas? ¿Quiénes influyeron en Corín Tellado? ¿Leía romántica extranjera en plan Mills & Boon o antecesoras como Carmen de Icaza? Las autoras actuales, como Anna Casanovas, Nieves Hidalgo o Ángeles Ibirika, ¿se sitúan en la tradición de la novela rosa española, o sólo han seguido los modelos anglosajones? Me gustaría saber si quien escribe novela romántica en español, hoy en día se considera en algún sentido heredero de Icaza, Becerra o Tellado, o creen que su producto no tiene nada que ver con esas predecesoras y toman como modelo para sus personajes, paisajes y tropos, la romántica anglosajona.
Y esto sería aplicable a quienes escriben en español, fuera de España, ¿cuáles son los referentes de Florencia Bonelli?
Con el público lector me ocurre igual. ¿Han leído a autoras de novela rosa española? ¿O ha entrado directamente a leer a Kleypas?
Mi voz en off dijo: no preguntes a nadie, nena, pregúntatelo a ti misma.
Respuesta: entré a leer directamente novela romántica anglosajona. Hace años leí algo de Corín Tellado, animada por los elogios que le dedicaron gente como Cabrera Infante o Rosa Pereda. Me decepcionó mucho, me parecieron harlequines de los malos. Me quitaron el gusto de manera casi definitiva por la romántica española, que leo a cuenta gotas y sólo si me juran y perjuran que la novela está bien. Y aún así, puedo contar con los dedos de una mano (y me sobran) las novelas románticas en español que verdaderamente he disfrutado. Mi gusto ya está totalmente (de)formado por la novela romántica anglosajona.
Así que como cierre a estos tres artículos sobre los que he intentado reflexionar sobre la novela romántica, concluyo:
1.- Novela romántica = historia amorosa + final feliz (juntos y vivos). Estimadísima RAE, ármame una definición con esos mimbres.
2.- Echo en falta un estudio académico amplio dedicado a este tipo de ficción comercial a lo largo del tiempo y en diferentes idiomas.
Quién sabe, si alguien lo estudiara un poco quizá empezara a haber un poco de respeto: hacia el género, quien lo escribe y quien lo lee.
A woman reading in the Battery Park. New York City 2005
© Jorge Royan / http://www.royan.com.ar.
Via Wikimedia Commons

2 comentarios:

  1. Ahí va mi experiencia en el género romántico:
    Las primeras lecturas de romántica que cayeron en mis manos fueron esas novelas antiguas de los años cuarenta o cincuenta y las de Corín Tellado. Seguí más tarde con los Harlequín. Y de pronto un día compré una novela larga de Johanna Lindsey y me gustó tanto (ahora ya no me parece tan buena) que me fuí a la librería y encargué todo lo que tenían publicado en esa colección que era la de "Amor y Aventura" de Javier Vergara. No te cuento la cara de la chica de la librería. Miraba como diciendo ¿Y esta friki? Pero el negocio es el negocio. Fue toda amabilidad.
    Y luego ya empezaron a publicar muchísimo y ya soy más selectiva comprando.
    Así que como lectora primero fue el producto nacional y después el extranjero.

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    1. Gracias por compartir tu experiencia y satisfacer mi curiosidad.
      Ah, Amor y aventura de Vergara con aquellas portadas...!
      Yo creo que leíamos a la Lindsey porque realmente no había nada más. Ahora veo sus libros en la balda y no recuerdo ni siquiera de qué iban. No me extraña que digas que ahora ya no te parece tan buena.

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