martes, 1 de diciembre de 2015

Crítica: "The Sandalwood Princess", de Loretta Chase



A veces te hablan bien de una novela. Por la autora, el género o el tema, crees que puede ser “de las tuyas”. Empiezas a leer con ilusión y, al cabo de unas cuantas páginas te preguntas ¿pero esto qué eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees? (con voz de Mauricio Colmenero, por favor)
Pues eso.
Leída en Kindle

DATOS GENERALES
Título original: The Sandalwood Princess
Fecha de 1.ª publicación original en inglés: diciembre 1990 (tapa dura)
Subgénero: Regencia tradicional
Páginas: 233
Editorial: Walker & Company
NO TRADUCIDA AL ESPAÑOL.

SINOPSIS
Ladrón de corazones
La tristeza que siente la vivaz Amanda Cavencourt al abandonar su amada India, después de cinco espléndidos años, se ve atemperada por un considerado regalo de despedida de su más querida amiga: una exquisita estatua de una princesa tallada en madera de sándalo. Sin embargo, esa misma noche le roba la estatua el infame “Halcón”. Amanda se pregunta por qué un hombre empleado por gobiernos en las misiones más peligrosas y delicadas se rebajaría a un vulgar robo. Intrigada por el misterio, y los rumores sobre el diabólico encanto del “Halcón” y su atractivo físico, Amanda persigue a este osado criminal. El guapo ladrón descubrirá que ha encontrado quien lo iguale en Amanda. ¡Un encuentro perfecto!

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica?
Sí. Tuvo un Premio RITA en 1991 al mejor romance de la Regencia. Además, al ser reeditado, en All About Romace apareció una crítica que la consideró un DIK (libro que te llevarías a una isla desierta). Pero vamos, tampoco es que entre en las mil mejores novelas del género.

CRÍTICA
No sé yo si la sinopsis explica bien de lo que va este libro. Intentaré contarlo de otro modo.
Amanda Cavencourt es una joven inglesa de ya veintimuchos años, soltera, que ha pasado cinco en la India. Le gusta el subcontinente, tiene como mejor amiga a una rani, Rani Simhi, “la gran leona”, escucha con gran atención y toma nota de las historias, mitos y leyendas diversas sobre las cuales tiene previsto escribir, incluso le gusta vestir de vez en cuando un sari.
Como abandona el país, la rani le regala una figurita tallada en madera de sándalo, “La princesa de sándalo” a la que se refiere el título. Pero justo esa noche, cuando se marcha del palacio de su amiga, un osado ladrón le roba la figurilla.
Es “El halcón”, un caco bastante famoso, pero que nadie sabe exactamente cómo es. Ha perpetrado este robo por encargo del marqués de Hedgrave, un señor tiene una larga historia de amor y venganza con la rani.
Amanda se embarca rumbo a Inglaterra. Con ella va Padji, un criado indio de la rani que quiere proteger a Amanda y recuperar la figurita. En el mismo barco va “El halcón”, que no es otro que Philip Astonley, el hijo más joven del vizconde Felkoner, de sangre azul e inequívocamente británico. En el viaje intercambia papeles con su criado. El joven noble se hace pasar por sirviente y Jessup fingirá ser un noble. Amanda y Padji sospechan que Jessup tiene la figurita.
¿Por qué? Ni idea, no me aclaré por qué se hacen pasar el uno por el otro. Ni tampoco por qué Amanda sospecha de ellos.
El viaje a Inglaterra dura muchos meses, y hay tiempo de sobra para que Amanda  y Philip se conozcan y hablen un montón, para que Amanda y Padji localicen la figurita e intenten robarla. Esta larga singladura ocupa toda la parte central del libro. El último tercio, más o menos, se desarrolla en Inglaterra.
El género al que pertenece la novela es “Regencia tradicional”, novelitas históricas ambientadas en la Regencia, ligeras, cortas, de unas doscientas páginas, prácticamente blancas, pues la intimidad de los protagonistas solía limitarse a algún abrazo o un beso. Más o menos vendría a ser la continuación natural de las obras de Georgette Heyer, y en general cumplen bastante bien ese cometido. Están a la altura, por así decirlo.
Luego, con el tiempo, en los noventa, fue decayendo por aquello de que se quería un poco más de chicha. Sigue habiendo numerosas novelas históricas ambientadas en la época de la Regencia inglesa, claro. De hecho para mí que se han centrado demasiado en ese período y han desaparecido otros entornos más habituales en el pasado como las de vikingos por ejemplo. Pero ya no son Regencia tradicionales: el nivel de sensualidad se ha disparado y, hablando en términos generales, el ingenio heyeriano de los diálogos desapareció, sustituido por chascarrillos de dibujo animado o sit-com. Adiós, también, al cuidado de la escritura o el intentar transmitir un poco del espíritu de la época. Por supuesto, también se fueron por el retrete las descripciones, las ambientaciones cuidadas o las referencias históricas. Siempre hay excepciones, claro.
Dentro de este subgénero destacó Loretta Chase, que ha evolucionado fácilmente a los nuevos modos de hacer novela histórica de la Regencia. Estos Regencias que escribió en el pasado están ahora bastante asequibles en digital, y no es el primero que leo. Por ejemplo The Devil’s Delilah me gustó bastante.
Así que cuando el desafío de julio en TBR Challenge propuso que el tema de ese mes fuera un ganador o una novela finalista de los RITA, mi primera opción fue este libro, que llevaba meses en mi kindle. Sorprendentemente, se me hacía muy lento, muy aburrido, algo que jamás me había pasado con Loretta Chase. Al cabo de no sé quizá el 10 o el 15% del libro lo dejé y me pasé a El señor de la medianoche, de Laura Kinsale, que tampoco me gustó pero al menos conseguí acabarlo y ese libro sí que fue mi TBR Challenge de julio.
Me parece increíble que esta sea una novela de poco más de doscientas páginas, porque se me hizo pesadísima. Solo la acabé por puro coraje, y en más de un momento, me limité a leer los diálogos.
Los personajes no me resultaron nada interesantes, ni Amanda ni Philip. No es que estuvieran mal, no, es que eran,… no sé, como tu tía Loli y tu tío Paco, que los querrás un montón pero que son más pesados que un chon debajo del brazo, hablando sin parar de naderías y deseas que sí, que sean felices, pero lejos de tu vista.
La trama consiste básicamente en yo te robo a ti, y tú me robas a mí la condenada figurita. Pasan muy poquitas cosas y la relación entre los dos protagonistas va avanzando poco a poco. Muy poco a poco.
El estilo es moroso, no hay chispa, no hay viveza, ni siquiera podría decir que está escrito con cierta riqueza expresiva o de vocabulario que, aun aburriéndote te haga reconocer que escrito sí que está bien escrito. Vamos que ni siquiera llega a eso “de color bien pero no flota”.
La ambientación, por lo menos, es original, por aquello de la exótica India. Pero no pasa nada particularmente emocionante cuando están allí, luego está la laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarga travesía por mar y finalmente toda una parte en un casoplón en Yorkshire que se supone que es más divertido y entretenido, aunque llegados a este punto ya solo quería que la cosa terminara.
El Imperialismo implícito de la obra y, sobre todo, el retrato de “los nativos” como serviles, crueles y bastante bárbaros frente a la “civilizada” Inglaterra, me hizo el libro todavía más cuesta arriba.
Valoración personal: a mí no me mereció la pena, 1

Se la recomendaría a: los fans de la Regencia tradicional más conservadores, que quieran una historia de amor de las de antes.

Otras críticas de la novela:
No está traducida, y como es de hace 25 años, la verdad es que no hay muchas críticas sobre ella.
Las pocas que he encontrado son muy positivas.
En All About Romance la consideraron, como ya dije antes, un DIK y le pusieron un A-, que la considera melodramática pero que funciona.
Lari Lari, 4 estrellas.
Malin’s Blog of Books, 3 ½ estrellas.

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