domingo, 26 de octubre de 2014

Cosas feas que pasan por ahí (2)



¿Por qué no voy a publicar críticas hasta la semana que viene? Porque me parecería de mal gusto, cuando parte de la blogosfera romántica, la parte que más aprecio y cuya independencia de criterio tomo como modelo, están haciendo un "apagón de críticas".
Como el tema es feo, lo ilustro con algo bonito, para compensar... La Torre de Babel de Libros
obra de Marta Minujín
Pl. S. Martín, Buenos Aires
Foto: Estrella Herrera;
fuente: wikicommons

El boicot viene para denunciar un caso de acoso pero, sobre todo, me parece a mi, el apoyo que ha recibido la parte acosadora.

Acoso, tercera acepción del DRAE (enhorabuena por la nueva edición, a ver cuándo lo publican en formato asequible para la gente normal): “Perseguir, apremiar, importunar a alguien con molestias o requerimientos”. 

El caso lo cuenta la propia implicada, una novelista, en The Guardian (18.10.2014), en un artículo en el que explica lo que hizo con una lectora, lectora a la que llamaré Ticia

La autora se sintió ciberacosada. ¿Por qué? Según ella, la lectora Ticia: a) publicó opinión negativa sobre su libro en Goodreads (cierto); b) ridiculizaba todo lo que ella tuiteaba (no he visto enlaces a esos supuestos tuits, y eso que lo he buscado, a ver qué considera “ridiculizar”); y c) sospecha que Ticia no es un nombre auténtico. La autora llama a esto catfishing. Este término, sin embargo, lo he visto usado como otra cosa distinta: persona que inventa una personalidad falsa en internet para ligar o estafar. 

La autora empezó a desarrollar comportamientos que ella misma califica de “ligero acoso” a la lectora. La palabra stalking, que es la que usa en concreto, viene definida por Collins on line así: “N (Jur) acoso cometido por un "stalker" y que constituye un delito”. Traduzco lo que ella dice que hizo. No por el caso en sí, sino para que se entienda la medida que después ha adoptado la blogosfera romántica independiente.

-          Sugirió el nombre de Ticia para que la entrevistara para un club del libro, y que así obtuvo la dirección de Ticia. [YaReads.com cuenta otra historia. No son un club del libro, sino una página web que organiza un evento que empareja a autores noveles con blogueros. La autora pidió expresamente que la emparejaran con Ticia, a pesar de saber que no le había gustado el libro. Así consiguió su dirección, diciendo que le iba a mandar un obsequio].
-          Buscó la casa en Google maps, comprobó en la guía telefónica y en el censo que allí no había ninguna Ticia, sino una tal Sempronia.
-          Pagó 19 dólares para que hicieran una investigación a Sempronia, averiguando su edad y en qué trabajaba.
-          Comparó los perfiles de Ticia con los de Sempronia.
-          Alquiló un coche y se fue hasta casa de Sempronia, dejándole en un escalón el libro Una breve guía a una vida feliz.
-          Llamó a Sempronia, a su trabajo, con una excusa y sin dar su nombre.
-          Contactó con “alguien que trabaja” en una editorial para saber si mandaban o no libros a esa casa. Esa “persona que trabaja en una editorial”, vulnerando –creo yo- la reserva que ha de guardar respecto a datos personales que conoce por su trabajo, se lo confirmó.
-          Volvió a llamar a Sempronia, esta vez identificándose y le dijo que sabía que ella era Ticia. En la conversación, Sempronia acabó gritando y llorando.
-          Ticia protegió sus páginas en internet: dejó de seguirla en Twitter, cambió su Instagram a privado y la bloqueó en Facebook. Sólo así pudo librarse del empeño de la autora de contactar con ella en internet.

Los blogueros independientes, después de leer este artículo y ver ciertos apoyos que ha recibido, han declarado públicamente que consideran que este acoso de una novelista a una lectora es injustificable. En la página australiana Bookthingo, se resume lo ocurrido y enlaza a numerosas páginas sobre el tema. 

Como protesta, se está produciendo un “apagón” de críticas hasta el 27 de octubre: no reseñarán novedades ni se promocionarán nuevos lanzamientos, rechazarán toda petición que en este sentido les hagan editoriales y autores.

Abro paréntesis. Gracias a este asunto he aprendido una nueva palabra de la jerga de internet: dox, o doxxing, que significa encontrar y publicar información personal como el nombre real de una persona y su dirección. Cierro paréntesis.

¿Qué está en juego, aquí?

Creo yo que es una advertencia de los blogueros independientes a la industria de determinados géneros. 

Imaginaos que esto pasa con otro tipo de autor. Pon en internet una tontería sobre el último libro del Sr. Muñoz Molina o del flamante Premio Nacional de Narrativa, D. Rafael Chirbes: sólo harás el ridículo y evidenciarás tu ignorancia. Es risible pensar que estos caballeros desarrollen un comportamiento obsesivo ante la chorrada de un bloguero. Dedican su tiempo a cosas mejores, como escribir libros extraordinarios. 

Lección para escritores: si quieres ser escritor profesional, compórtate como uno de ellos. 

Las novelas románticas, las juveniles, las de fantasía,… son productos editoriales que se comentan, de forma prácticamente exclusiva, en Internet. Por eso entregan libros a blogueros para que publiquen críticas en torno a la fecha de lanzamiento. Es crucial para ellos (no para los lectores) esta publicidad que les haga vender mucho en ese momento. Esa semana primera es decisiva. Si el libro no aparece en la lista de los más vendidos, desaparecerá para siempre… salvo que sea muy bueno y funcione el boca-oído.

A nosotros los lectores, en cambio, no nos hacen falta estas críticas. Sólo queremos leer y comentar libros buenos, da lo mismo que se publicaran ayer o hace veinte años.

El “apagón crítico” está recordando a la industria que se queda sin importante publicidad.

Derecho a opinar

En este caso, no es una cuestión de libertad de información, sino de opinión. El derecho –dicho en términos de la Constitución Española, por elegir una norma cualquiera - “A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción” (art. 20.1.a).

Cosas que no son acoso: Una crítica negativa, aconsejar a otros lectores que no lean tu libro, advertir que tiene determinados temas que pueden resultar problemáticos, que contesten a tus tuits en plan chorra...

Cosas que son acoso: que te digan por internet que te van a matar, o violar, o quemarte la casa; que llenen tu correo electrónico con odio; que revelen públicamente datos personales, seguir a la persona por la calle, en su casa, en su trabajo, de manera que coacciones su libertad, incitar a otros a desarrollar esos comportamientos… Eso sí es -en mi opinión- acoso, y en más de un caso, de juzgado de guardia.

En las páginas web en español que he leído nada sobre comportamientos tan relocos como los de EE. UU. Te puedes encontrar una de esas a quienes Lady Marian describió como “admiradoras de autoras románticas (similares a las fans que gritan y lloran en recitales) que se ve en foros, Facebook, blogs, etc.” Pero son poquitas. Me parece que todos somos conscientes de que estos comportamientos histéricos en realidad hacen más mal que bien a los autores a los que pretenden apoyar. Y si alguien lo ha sufrido, no le ha dado publicidad digital, lo cual quizá sea la opción más razonable.

Lecciones para blogueros:

Primera, hacer lo que ha decidido Sunita: sólo críticas de aquellos libros que ella haya comprado, los que a ella le interesan, no los que la industria editorial pone en su camino. 

Segunda, usar seudónimo sigue siendo la norma número uno para preservar tu seguridad personal en Internet.

Tercera, si eres de los que acepta con regularidad libros de editoriales para hacer crítica de ellos, que te los manden en digital; si aún lees papel, sopesa la posibilidad de contratar un apartado postal y que esa sea tu dirección. Así no podrán filtrar tus datos, consciente o inconscientemente, a perturbados.

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