lunes, 15 de septiembre de 2014

Crítica: "El duque y yo", de Julia Quinn



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Portada ed. Titania (2004)


Una bobadita intrascendente pero entretenida.

DATOS GENERALES

Título original: The Duke and I
Fecha de publicación original en inglés: enero de 2000
Subgénero: histórica – Regencia
Puesto en la lista AAR 2013: 16

Parte de una serie: Los Bridgerton #1

Traductora para la edición 1/2004 de Titania: Mireia Terés Loriente.

SINOPSIS

¿Habrá encontrado novia por fin “El duque devastador”?

Así lo dicen todos los periódicos de sociedad. Pero sólo el duque de Hastings y su “pretendida” saben la verdad. Pues el irresistible Simon Basset ha trazado un plan para verse libre de todas las madres de sociedad que sólo piensan en casar a sus niñas, fingiendo sentirse atraído por la encantadora Daphne Bridgerton. Después de todo, no es como si el melancólico calavera tuviera plan de casarse – aunque hay algo en la atractiva señorita que acelera el corazón de Simon. Y para Daphne, seguramente la más lista de las debutantes, atraerá a algunos pretendientes que valgan la pena ahora que parece que un duque la considera deseable...

Mientras Daphne valsa con Simon por los salones de la Regencia, se olvida de que su noviazgo es una completa farsa. Quizá sea por la electrizante mirada en sus intensos ojos azules, o la manera en que ella se siente en sus brazos, pero de forma, Daphne se está enamorando del elegante duque… ¡de verdad! Ahora tiene que lograr lo imposible e impedir la pérdida total de su corazón y su alma en manos de este guapo canalla que ha jurado no casarse jamás.

CRÍTICA

“El duque y yo” se publicó en enero de 2000. Es la primera novela de la familia Bridgerton, a cuyos miembros, pura “carne de secuela”, nos los presentan aquí. Cuatro chicas y cuatro chicos cuyos nombres están ordenados alfabéticamente, para no confundir quién es el protagonista de cada libro.

Daphne Bridgerton es, como su nombre nos permite sospechar, la cuarta de los retoños, y la mayor de las niñas. Una chica sencilla: sólo quiere casarse y tener hijos con algún buen hombre de la alta sociedad, sin inquietud alguna por lo que ocurra más allá de sus saloncitos; tan tradicional que no se siente completa si no se ve convertida en matrona. Ni guapa ni rica, los potenciales pretendientes piensan en ella más como una amiga que como futura esposa.

Simon, el protagonista, tartamudeaba de niño, lo que hizo que su padre no quisiera ni verlo. Creció aislado en el campo, mientras papá-maloso vivía en Londres. Para cuando se dio cuenta de que Simon era un tipo del que podía sentirse orgulloso, era demasiado tarde: Simon ya no sentía el menor interés por relacionarse con papá-maloso. Se fue de Inglaterra y no volvió hasta que se supo huérfano.

A diferencia de Daphne, él no tiene el menor interés en casarse y procrear, pues eso sería dar un triunfo póstumo a papá-maloso. Claro que las mamás con hijas casaderas no lo saben y el pobrecito se ve constantemente acosado por virginales jovencitas arrojadas a su ducal camino.

Los dos deciden entonces formar una sociedad de socorros mutuos: fingirán estar enamorados. Se relajará el asedio femenino en torno a Simon. Y se elevará el valor de Daphne en el mercado matrimonial. Él se siente sexualmente atraído por Daphne, pero como es hermana de su mejor amigo, y no está dispuesto a casarse, es terreno prohibido. Ella descubrirá pronto que con quien quiere casarse es precisamente Simon, el irreductible. Un tipo que, si tiene que elegir entre el matrimonio o la muerte, prefiere esto último.

¿Lo bueno de la novela? Es cortita, ligera, con diálogos ágiles que mueven toda la acción y que te mantienen sonriendo casi todo el rato. Como una pompa de jabón, brillante, atrapa tu mirada y no puedes evitar seguirla en su deambular por el aire.

Eso sí, está totalmente vacía. Una vez que estalla, desaparece sin dejar rastro. La trama es prácticamente inexistente, y se basa en un enfurruñamiento de pobre niño rico ignorado/abandonado/rechazado por papá-maloso. ¿La ambientación? Regencia trilladito: bailes y rosaledas. Nula ambición literaria, tan planita como sus personajes, que tienen la profundidad de una ameba, sin la menor inquietud personal (política, intelectual, social, artística, científica…). Lo único que se nos dice (pero no se nos muestra en forma alguna) es que Simon está dotado para las matemáticas. Pues bueno, pues vale. A mí me parece un petimetre que se limita a pasear su huraño palmito por los salones. El único momento en que me interesó fue cuando habla de sus viajes, describiendo a Daphne su impresión sobre el cielo austral, algo que, por cierto, interesa poco a la heroína. Por lo general, los personajes me resultaron pura parodia: el duque torturado, el hermano sobreprotector, la virginal heroína redentora del héroe, la mamá cazafortunas, la viejita gruñona pero de buen corazón…

Es una de esas fantasías pseudohistóricas sin el menor sentido de la época. El equivalente, en la Regencia, a la Edad Media de la Garwood: los personajes ni piensan ni se comportan como ingleses de principios del siglo XIX. Son adolescentes del siglo XXI vestidos de época, en un escenario de cartón piedra, que se dan golpecitos –bueno, la prota más bien tiene afición a dar puñetazos a los caballeros, y a ejem,

***Spoiler*** violarlos cuando no están en disposición de consentir, momento en que mi valoración bajó irremediablemente del 3 al 2 ***spoiler***

… personajes que estallan en carcajadas, otros que se ponen en plan matón como si pillaran a un compañero de instituto metiendo mano a su hermana bajo las gradas del estadio, cotilleo de cosas “personales personalísimas” con el servicio doméstico al que acabas de conocer...

Es esa “Regencia de fantasía” tan cultivada por muchas autoras del Nuevo Mundo. Sus personajes carecen del humor sutil o la contención o la ironía británicas. ¡Por favor! ¿Qué han pillado estas escritoras de Austen o Heyer? ¡¿Los vestiditos?!

Lo mejor es, ya lo he dicho, los diálogos. La novela es prácticamente un guión sin más que las imprescindibles indicaciones escénicas.

Vamos, lo he pasado como con esas comedietas románticas que Hugh Grant ha hecho en Hollywood. Ligeritas, entretenidas,… pero que te hacen lamentar cómo desperdicia Hugh su talento, y que olvidas nada más salir del cine.

Estoy en minoría, lo sé. Muchos lectores han tenido que acordarse perfectamente de ella, y de otras varias novelas de Julia Quinn, porque las tiene en general muy bien colocadas en el Top 100. No ha faltado nunca en las listas AAR, y en buenos puestos: 25 (2000), 46 (2004), 13 (2007), y 17 (2010). Está incluida en El rincón de la novela romántica, y entre las mejores de la Regencia para los lectores españoles.

Soy consciente, por lo tanto, de que no carece de mérito, ni quiero decir que me parezca fácil de escribir. La ligereza y el encanto exigen talento, e indudablemente Julia Quinn lo tiene. Pero basar todo tu éxito exclusivamente en diálogos ingeniosos supone que, cuando se te agoten los chistes, no tienes ningún otro recurso para interesar al lector. El slapstick funciona pero tiene corto recorrido.

No sé qué tal estará la versión española. Leí en digital y en inglés porque la versión española está descatalogada y sólo la encuentras muy cara de segunda mano.

Valoración personal: pues bueno, pues vale, 2

Se la recomendaría a: amantes de la Regencia sin pretensiones y tono ligero.

Otras críticas de la novela:

Como siempre que puntúo bajo una novela que tanta gente adora, recomiendo especialmente leer otras opiniones más favorables.

*En español*
Read a Book, que le pone lo máximo, 5/5 y dice que es lectura obligada.
El Blog de Lady Marian le pone un 8/10pero coincido prácticamente en todo su análisis.
También en El rincón de la novela romántica la ponen por las nubes. 

*En inglés* 
RT Book Reviews le da 4 ½ estrellas, y publica un mensaje de la autora, en el que explica sus dificultades a la hora de ponerle título; acabó siendo “El duque y yo” inspirado por la película El rey y yo. Aunque hay que advertir que la trama no tiene nada que ver con el argumento de esa obra teatral. También nos cuenta que parte de los beneficios del libro se donan a la Sociedad Nacional de Esclerosis Múltiple.
En All About Romance logra un DIK A-, (casi) la máxima puntuación el libro que te llevarías a una isla desiera.
En Dear Author me entero de que este es un Regencia más bien serio, frente a otros libros de J. Quinn, que son más triviales (¡¡¿más?!!).


Otras novelas de la autora en el Desafío AAR:


Ediciones en España:

-       El duque y yo (2004) Titania
-       El duque y yo (2008) Círculo de Lectores, S.A.
-       El duque y yo (2008) Books4pocket

2 comentarios:

  1. Me pareció un libro muy entretenido, pero coincido contigo en que no tienen ninguna sustancia.
    Le tengo un cariño especial a esta saga, especialmente a "El vizconde que me amó", porque con ellos volví a leer novela romántica y fue en un momento en que necesitaba evadirme mucho de la realidad. Lo conseguí, je, je. Por lo demás, no creo que Julia Quinn sea de las mejores escritoras de romántica, aunque es cierto que es de las más famosas.

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  2. ... Pues "El vizconde..." (ya saldrá aquí la critica) me gustó más o menos lo mismo. ;-) Y todavía me quedan por leer... cuatro más de esta autora. Snif! Igual en algún momento le pillo el truco.
    En fin, reconozco que el problema es mío. Julia Quinn hace muy bien lo que hace, y le funciona. Por eso recomiendo especialmente, cuando un libro no me gusta, que se lean las críticas de gente a las que sí le ha gustado. Cada lector es un mundo. Lo que a mi no me convence, a otro le puede encantar. Nadie tiene la última palabra sobre ningún libro.
    Personalmente, disfruto libros más densos que a otra gente le resultan pestiños.

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