viernes, 20 de junio de 2014

Crítica: "Danza de pasión", de Judith McNaught



Portada DeBols!llo, 2004.

Una buena de Judith McNaught. No muy apasionada. 

DATOS GENERALES

Título original: Almost Heaven
Fecha de publicación original en inglés: 1990
Subgénero: histórica
Puesto en la lista AAR 2013: 94
Traducción © 2004 Carme Geronès i Planagumà.

SINOPSIS (de la contraportada)

Elizabeth Cameron, condesa de Havenhurst, posee una singular gallardía y un fuerte coraje que acompañan su exquisita belleza. Pero su reputación se verá manchada cuando se la descubre en brazos de Ian Thorton, un conocido apostador y paria social.

Es un hombre peligrosamente apuesto, de misterioso linaje, y su viaje al corazón de Elizabeth estará plagado de intriga, escándalo y venganza. Destinados el uno para el otro, aunque condicionados por oscuras motivaciones, Ian y Elizabeth se verán enfrascados en una danza de sospechas y pasión que pondrá a prueba la fuerza de sus corazones.

Un amor apasionado teñido de sospechas.


CRÍTICA

“Almost Heaven”, literalmente “Casi el Paraíso”, se publicó en 1990. El título original tiene su lógica, explicada en el epílogo, cuando Ian considera que su bucólica vida familiar, si no es el Paraíso, se le acerca mucho: “esto es algo así como el paraíso”. En España, por esas razones propias de las editoriales que no comprendo mucho, le cambiaron el título a “Danza de pasión”. Aquí no entiendo muy bien el porqué. No he encontrado ninguna danza apasionada, ni un clímax que tuviera lugar en una pista de baile.

Novela histórica, ambientada en la Regencia y que, definitivamente, es ya un clásico. Con unos cuantos tópicos y estilos de narrar propios de las novelas de la vieja escuela old skool.

La verdad es que la novela comienza de forma bastante intrigante. Elizabeth Cameron debutó en sociedad con un éxito impresionante: nada menos que quince propuestas de matrimonio. Era guapa, agradable al trato, tenía un título propio, heredera... Pero se buscó la “ruina” al ser pillada en una situación comprometida con el consiguiente escándalo. Dos años después, su tío y tutor Julius desea casarla de una vez. Así que se la ofrece a esos quince señores, a ver si estaban dispuestos a casarse con ella. Sólo un par de ellos contestan afirmativamente. Bueno, en realidad tres, pero respecto al tercero las circunstancias son un poco confusas,… Y mira por donde, es justo el caballero que la comprometió.

Inmediatamente, a través de flashbacks, nos cuentan cómo la bella Elizabeth consigue arruinar su reputación, sin ser consciente de ello y gracias, en parte, a unas encantadoras “amigas” a las que cualquiera, salvo esta inocentona, vería venir de lejos.

Se refugió en sus tierras y logró sacarlas más o menos a flote, después de que problemas de juego en la familia las dejara en la ruina. Y hete aquí que su tío metomentodo quiere casarla. Como tres caballeros han contestado, ahora tiene que ir de casa en casa a ver quién la quiere como esposa. No quiere casarse, claro, así que tendrá que desanimarlos de la mejor manera posible. Con dos de ellos la cosa sale más o menos bien, y hasta un punto divertida.

Pero con el tercero, ¡ay, el tercero! Ese es Ian Thornton. Vamos a ver. Hete aquí el prototipo de héroe romántico de la vieja escuela: rico hecho a sí mismo, noble (por supuesto, heredero de un ducado, nada de vulgares baronías), guapo, moreno, fantástico tirador, hábil jugador de cartas, estupendo en cálculo mental y en lectura veloz de libros, un tanto orgulloso...

A los dos segundos de conocerse, como quien dice, él ya había decidido que estaban enamorados. Elizabeth discrepó porque, al fin y al cabo:

“Una inglesa de ilustre cuna no experimenta más sentimiento que el afecto. Nosotras no nos enamoramos”

A lo que él contesta:

“-Yo soy escocés. Nosotros sí”

Porque ese es su otro atractivo: es medio escocés,… Ya se sabe que en las novelas románticas, los escoceses son siempre muy románticos, y los ingleses más fríos que un bacalao. En otro momento de la novela, Ian dice:

“-Los escoceses lo llamamos hacer el amor. A diferencia de los ingleses, que prefieren considerarlo como “cumplimiento del deber conyugal”.”

A mí, ni uno ni otro prototipo nacional me parecen particularmente románticos, pero bueno, cada cual tiene sus prejuicios.

Cuando Elizabeth Cameron llega a la casita escocesa de Ian, se encuentra con que él ni la está esperando, ni ha dicho que sí a la propuesta de matrimonio. No quiere verla ni en pintura. Ian tiene su orgullo y el rechazo de dos años atrás no le sentó nada bien. A partir de ahí, se sucede los encuentros y desencuentros, y como eje de la historia, “tontos malentendidos” que se alargan innecesariamente.

Todo ello envuelto en la típica ambientación Regencia, con unos cuantos bailes para que los protagonistas luzcan palmito y se vea lo mucho que la gente cotillea. Y lo fácil que cambia de opinión cuando la manipulan.

La parte sensual de la historia no está a mi juicio a la altura de la romántica. Se nota que Ian y Elizabeth se aprecian, se estiman, se quieren. Se ve su amor mutuo, pero no tanto un apasionado deseo. En la mayor parte del libro sólo hay aisladas escenas de besitos más adolescentes que turbadores. Es, en conjunto, una novela más bien templadita, con escenas sexuales explícitas en la parte final, pero todo muy moderado.

Poco más hay que decir de la novela. A mi modo de ver, se centra mucho en un gran y tonto malentendido que se alarga demasiado. Aunque, por otro lado, resulta entretenida porque no sabes muy bien por dónde va a ir la historia. J. MacNaught la lleva por unos derroteros que no parecen en principio predecibles.

Como está incluida en este Top 100, cabe concluir que es una de las novelas más apreciadas de su autora. The Romance Reader la eligió en el puesto 15 de las mejores románticas del siglo XX. Ha aparecido en casi todas las listas Top 100 AAR: el n.º 12 en 1998, el n.º 24 en 2000; no entró en el Top 100 de 2004, pero regresó en el del 2007 (n.º 35) y 2010 (n.º 29). En 2013 bajó hasta el n.º 94.

Hay detalles de originalidad en el libro. Como que ella sea noble por derecho propio y no haya perdido su título a favor de un pariente masculino, que defienda a sus criados y los trate como personas o incluso que tenga mano para el jardín. De Ian destacaría su distanciamiento cínico respecto a la nobleza y su lucidez a la hora de valorar las vanidades de esa sociedad pero siendo realista: están ahí, y no puede simplemente despreciarlas, sino que ha de saber usarlas en beneficio propio y de su amada Elizabeth.

La novela tiene un momento muy romántico: cuando Ian hace lo que menos desea y lo hace por amor a ella. Claro que Elizabeth también sabe renunciar a lo que más quiere para mandarle un mensaje a él. Para mí, esa es la esencia del romanticismo: que un personaje haga lo que menos desea, o renuncie a aquello que más aprecia, precisamente por amor al otro.

Valoración personal: buena, 3

Se la recomendaría a: como todas las de McNaught, es apropiada para fans de la novela romántica años 70-80, y para los que gusten del subgénero Regencia.

Otras críticas de la novela:

En El Rincón de la Novela Romántica y en el blog En Mil Batallas, encontrarás críticas en español.

Para críticas en inglés, tenemos las Gossamer Obsessions, la de All Readers, con un breve resumen que analiza algunos puntos concretos en plan estadístico, y en All About Romance.

Y, como de costumbre, la ficha en FictionDB.

Otras novelas de la autora en el Desafío AAR:
AAR 28. Judith McNaught – Paradise / Paraíso robado / Paraíso (1991)
AAR 43. Judith McNaught – A Kingdom of Dreams / Un Reino de ensueño (1989)
AAR 71. Judith McNaught – Perfect / Perfecta (1993)
AAR 81. Judith McNaught – Something Wonderful / Un amor maravilloso (1988)
AAR 99. Judith McNaught – Whitney, My Love / Tú eres mi amor (1985)

Ediciones en España (según el ISBN):

-       Danza de pasión (2004) DeBolsillo, Col. Cisne, 202/8. Biblioteca Judith McNaught, 8

Nota: Una versión anterior de esta crítica se publicó en El Rincón de la Novela Romántica




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