sábado, 18 de octubre de 2014

El canon de la novela romántica (3): Lo efímero y lo clásico


Cuenta Somerset Maugham, en su prefacio a Servidumbre humana, que cuando se publicó por vez primera en el Reino Unido, esta novela 
“triunfó modestamente, pero no conmovió al mundo, y parecía estar condenada al mismo destino que la mayoría de las novelas, es decir, a caer pronto en el olvido”. 
Fue luego, al publicarse al otro lado del Atlántico, cuando llegó el verdadero éxito.


Kathleen E. Woodiwiss en 1977
Fuente: wikicommons
Fotografía de Joan Bingham
Asumamos como natural que la mayor parte de las novelas se publican, se leen y luego como dice Somerset Maugham, caen en el olvido. Aunque tengan cierto éxito. Sólo unas pocas consiguen reeditarse. Las que consigan seguir publicándose después de muerto el autor serán clásicas.

Pasa lo mismo con cualquier producto cultural. En el cine, por ejemplo. Dentro de las artes plásticas, Lafuente Ferrari consideraba que la historia de la pintura estaba formada no sólo por las cumbres sino también por las llanuras. Y no olvidemos el repertorio lírico: de las miles de óperas compuestas, posiblemente no lleguen a una docena las que alcancen cien representaciones anuales en todo el mundo. Vamos, como el fútbol: de cada mil partidos apenas diez habrán sido apasionantes y sólo uno pasará, con mucha suerte, a la historia.

Creo que esta idea de lo efímero de tantas producciones humanas es el marco en el que hay que entender afirmaciones como las del bloguero Berlatsky de que la ausencia de un canon, o de cualquier sistema de validación crítica hace que novelas importantes de la novela romántica desaparezcan, descatalogadas.

No creo que esté acertado. Es verdad que ya desde la Antigüedad los sabios alejandrinos establecieron determinados libros como modelos a seguir, dentro de cada género literario. Y esto lleva a un cierto esfuerzo consciente por conservar lo bueno. Pero de cuatro mil años de literatura, de Enheduanna en adelante, muchas veces las cosas han sobrevivido –o desaparecido- por puro azar, y por circunstancias ajenas a su calidad intrínseca.

No es la ausencia de estudios académicos lo que hace desaparecer las obras. Cosas alabadísimas en su momento por los entendidos han desaparecido después del radar del público lector. Repasad la lista de los Nobel.

Y a la inversa. Incluso cuando los “sabios” abominan de algo (como hicieron los Ilustrados con el teatro barroco, por ejemplo) las obras buenas pueden sobrevivir. Los lectores tienden a proteger lo que les gusta.

La mayor parte de las novelas del género romántico, como de cualquier otro, se descatalogará. Empezando por los cientos o miles de Harlequines que se publican al año. Las que merezcan la pena seguirán encontrando lectores entre las nuevas generaciones. A esas es a las que considero clásicos del género. Que es una forma de entender el canon, la personificada por Coetzee en el artículo “Coetzee y Bloom. Dos formas de abordar el canon literario” de José-Luis Muñoz, donde leemos:


“Lo clásico sobrevive, por adversas que sean las circunstancias, porque hay generaciones de personas que no se pueden permitir ignorarlo. Horacio afirmó que si una obra sobrevive cien años después de ser escrita es que esa obra debe de ser un clásico. Coetzee afirma algo parecido, al sugerir que la interrogación al clásico forma parte de la historia de la obra. El clásico se define a sí mismo por la supervivencia, concluye, y si necesita ser protegido del ataque de la crítica no podrá probar que es un clásico.”


Mutatis mutandi, las difuntas Georgette Heyer o Kathleen Woodiwiss siguen captando nuevos lectores. Diez o veinte años después de su publicación, siguen reeditándose novelas de Judith McNaught, Diana Gabaldon, Nora Roberts,…

¿De más de cien años como afirmó Horacio? Bueno, aún no ha tiempo suficiente desde la primera novela romántica “moderna” si consideramos como tal La llama y la flor (1972).

Sin embargo, los lectores suelen tener un concepto bastante amplio de “novela romántica”. No es extraño que lean y relean novelas de la literatura clásica que incluyen en el género: Jane Austen, desde luego, pero también Jane Eyre (1847) o Villette (1853), de Charlotte Brontë; Norte y sur (1855) de Elizabeth Gaskell; o Una habitación con vistas de E. M. Forster (1908). Esta es la tesis de Pamela Regis en A Natural History of the Romance Novel (2003), quien además de algunas de esas obras, menciona la Pamela de Richardson o Framley Parsonage de Anthony Trollope.

En suma, en este género hay ya novelas que se pueden considerar clásicas porque siguen encontrando lectores en las nuevas generaciones. Porque tal vez los estudiosos aún no hayan construido el canon pero, desde luego, sí que existe ya una tradición con obras icónicas.

Lo que me queda claro es que, al final, somos los lectores quienes convertimos a determinadas obras en clásicos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Crítica: "El caballero de la brillante armadura", de Jude Deveraux



Una original historia de viaje en el tiempo de doble dirección: del pasado al presente y a la inversa. Y con un final (feliz) muy particular.

Portada edición de mayo de 1997
© 1990 Javier Vergara Editor S.A.
Impreso en la Argentina

DATOS GENERALES

Título original: A Knight in Shining Armor, a veces abreviado como KISA
Fecha de publicación original en inglés: 1989
Subgénero: paranormal/viaje en el tiempo
Puesto en la lista AAR 2013: 37

Traductora: Graciela Jáurregui Lorda

Parte de una serie: En la FictionDB la incluyen como el libro 17.º de la serie dedicada a las familias Montgomery-Taggert. En El rincón de la novela romántica la ponen como el 11.º de la serie “Los Montgomery”.
  
SINOPSIS (de la contraportada)

Dougless Montgomery había tratado de ser la esencia misma de la norteamericana moderna. Había planificado este viaje de vacaciones con especial cuidado, deseando que todo resultase perfecto para Robert, el hombre con quien esperaba casarse algún día. Y ahora, después de una estúpida pelea, estaba abandonada en una iglesia de la campiña inglesa. Tirada sobre una fría lápida, llorando de furia y frustración, clamaba por un caballero de brillante armadura que la sacara del abismo

Repentinamente, el más extraordinario hombre apareció ante ella… Nicholas Stafford, muerto en 1564, según su tumba…

CRÍTICA

El Caballero de la Brillante Armadura utiliza el recurso del “Viaje en el Tiempo” en un doble sentido: 1988 y la década de 1560. Publicada en tapa dura en julio de 1989, se ha convertido en un clásico y siguen reeditándola.

Dougless Montgomery es, no nos engañemos, un perfecto felpudo. Cree que su novio, médico, le va a pedir matrimonio durante unas románticas vacaciones en Inglaterra. Pero este tipo sólo la quiere por su dinero y lo útil que es a la hora de organizar las cosas. Sin consultarlo con Dougless, incluye en el viaje a su desagradable hija adolescente. Padre e hija son tan bochornosos que a veces pensé si no habría algo turbio entre ellos. Estos momentos iniciales se te pueden hacer muy cuesta arriba.

Dougless acaba sola y sin dinero, tirada en una iglesia perdida en la campiña inglesa, llorando a los pies de la tumba de un caballero muerto en 1564. Paréntesis: llora mucho esta mujer, los felpudos son así. Llora tanto pidiendo un “caballero de brillante armadura” que acaba despertando a los muertos,… o, al menos, a uno de ellos, el isabelino Nicholas Stafford.

Aquí es donde empieza la parte buena del libro. Primera mitad: las peripecias de este atractivo hombretón del siglo XVI trasplantado a las maravillas del siglo XX. Es divertidísimo ver las cosas que le llaman la atención. Al principio ella cree que está loco, pero luego se pregunta por qué ha venido, ¿para rescatarla a ella? ¿Para averiguar quién provocó su muerte hace siglos? ¿Para cambiar la historia?

Segunda mitad: un viaje en el tiempo en sentido inverso. La estancia de Nicholas en el siglo XX no dio los frutos deseados. Dougless debe acudir al siglo XVI para acabar la misión encomendada. Ello da pie a que vivamos en la Inglaterra Tudor con mentalidad moderna. Deveraux intenta ser bastante realista. Creo que no he leído ninguna novela romántica que ponga tan de manifiesto las poco higiénicas costumbres del pasado o la desconsideración e indiferencia hacia los más débiles, incluido el trato hacia los niños que, en su mayoría, morían en la infancia así que, ¿por qué molestarse en quererlos?

Son muchas las preguntas que te vas haciendo a lo largo del libro. Sobre todo, cómo lograrán su final feliz. Ella es de 1988, él de 1560. Este punto, el final, es lo que, desde 1989 hasta ahora, ha sido más controvertido de este libro: para mí es emocionalmente satisfactorio, pero es un “felices para siempre” un tanto peculiar. No puedo decir más, por no destriparlo.

KISA tiene muchos méritos para seguir gustando décadas después. Relata con humor y bastante realismo las reacciones de estos dos enamorados que están fuera del mundo que conocen. La historia es suficientemente intrigante para que sigas leyendo para saber qué es lo que pasa después y en qué acabará todo esto.

Nicholas Stafford resulta el perfecto héroe de novela romántica: rico, fuerte, honrado, inteligente, creativo y guapo, con un encanto natural que seduce tanto a la gente de su época como a la actual. Es romántico, porque sabe sacrificarse en consideración a los sentimientos de Dougless. Y, a pesar de ser a) un héroe de los ochenta, y b) un noble inglés del siglo XVI, resulta sorprendentemente considerado y nada abusón.

Es un poco más difícil que te guste Dougless. Tiene sentido del humor e inteligencia para salir de los apuros pero, en mi opinión, llora demasiado (lo dije ya, ¿verdad?) y no ve lo imbéciles que son su novio y la hija de este. Pasa gran parte de la novela esperando que otros resuelvan sus problemas cuando resulta que, obligada a ello, tiene inteligencia y recursos de sobra para defenderse solita.

Cuando la extinta página web The Romance Reader escogió las mejores novelas románticas del siglo XX, KISA consiguió estar en el puesto 5. Para All About Romance es una de esas que te llevarías a una isla desierta, una “favorita de todos los tiempos”, como para Romantic Times. Tiene el mérito de ser la única que venció a Abandonada a tus caricias como número 1 en el Top 100 de All About Romance, en la primera lista que se hizo, la de 1998. Luego ha sido la 16 (2000), 37 (2004), 32 (2007) y 71 (2010). En la miniencuesta de 2007 dedicada a la categoría ciencia ficción/futurista y fantasía estuvo en el puesto 11. También la incluyen en el ajuar de la lectora romántica.

Tras leer críticas muy elogiosas de esta novela, la compré en el año 1997, en edición “Romántica Bolsillo” de Javier Vergara, traducción argentina de 1990, con alguna palabra extraña para mí, como ómnibus o pasacasete. Entonces me quedé con sensación de “¡vaya! ¿Eso es todo? No le veo qué tiene de especial”. Supongo que es lo que pasa cuando te ponen una novela por las nubes: la decepción parece inevitable.

Pero al releerla el año pasado me gustó bastante más. Ahora que la he revisado, quedo totalmente convencida de que estamos ante un clásico. Si eres aficionado a la novela romántica, dale una oportunidad.

Jude Deveraux la retocó en 2002, al parecer para explicar un poco mejor la actitud de Dougless con su novio. No, no cambia el final. Tengo la impresión de que las diversas ediciones en España siguen siendo la antigua, pero no lo puedo asegurar.

Valoración personal: un clásico imprescindible, 5

Se la recomendaría a: todos los amantes de la novela romántica. Reconozco que existe el riesgo de que digas que “no era para tanto”, como me pasó a mí la primera vez que la leí.

Otras críticas de la novela:

En español, tenemos críticas en los blogs Alea jacta est y Pasajes literarios; también el foro Una locura romántica; y en la página web El rincón de la novela romántica



No hay otras novelas de Jude Deveraux en el Desafío AAR.

Escritora siempre competente, Jude Deveraux tiene unos cuantos libros que merecen la pena. Se recuerdan especialmente sus novelas Velvet (literalmente “terciopelo”, que aquí se transmutó, por esos misterios de las editoriales españolas, en “audaz”):

-       Montgomery-Taggert #3: The Velvet Promise / Promesa audaz (1981)
-       Montgomery-Taggert #4: Highland Velvet / Tierra audaz (1982)
-       Montgomery-Taggert #5: Velvet song / Canción audaz (1983)
-       Montgomery-Taggert #6: Velvet angel / Ángel audaz (1983)

También escribe contemporánea. Dentro de este subgénero, destacaría Sweet Liar (1992), aquí traducida como Dulces mentiras o Dulces engaños. Estuvo en los Top 100 AAR de 1998, 2000 y 2010, y se encuentra incluida en El ajuar de la lectora romántica.

Nota: Una versión anterior de esta crítica apareció en El Rincón de la Novela Romántica.

Ediciones en España:

-       El caballero de la brillante armadura (1993) Círculo de Lectores, S.A.
-       El caballero de la armadura (2005) RBA Coleccionables
-       El caballero de la brillante armadura (2006) Ediciones B, S.A.

Ya digo que yo la leí en la edición argentina de bolsillo de los años noventa, así que es posible que encontréis también esta edición en librerías de segunda mano.

lunes, 13 de octubre de 2014

El canon de la novela romántica (2): Reacción blogosférica



La semana pasada ya expliqué que fue sobre todo la reacción blogosférica al artículo de Berlatsky la que me hizo pensar en el tema del canon. Así que me gustaría incluir en este breve post enlaces a esos artículos que trataron el tema.


El artículo de Berlatsky no se vio como una llamada de atención a la escasez de estudios académicos sobre el género. No. Se entendió, sobre todo, como el ataque de un recién llegado, en tono implícitamente machista, a quienes leen y escriben sobre romántica.

"Dudesplaining" (22.04.2014), análisis del artículo original por Meoskop en Love in the Margins.

"Little Miss Crabby Pants Fires The Canon" (22.04.2014), por Wendy the Superlibrarian “la superbibliotecaria”. Ofrece su propia lista de qué obras y autores forman parte del canon. Aunque no sepas inglés, es fácil de comprender la lista de nombres que ella propone.

En Dear Author hubo una breve referencia de pasada en el artículo de 23.04.2014 escrito por Janet y titulado “Wednesday News: Women keeping boys from reading, men reading Romance, Comcast...”  básicamente dice que la idea de que la novela romántica no tenga obras canónicas es curiosa y falsa; y, sobre todo, que Berlatsky mezcla su propio gusto con el concepto de canon, de manera que se coloca a sí mismo, alguien que ha llegado hace muy poco al mundo romántico, como el árbitro del gusto en el género.

En "The uses and misuses of canon" (26.04.2014) Sunita, en su blog Vacuous Minx, deja clara su opinión de que los lectores no necesitamos un canon.
 
Eric Selinger, en Teach Me Tonight, le dedicó nada menos que tres posts el 27.04.2014 al tema:

Para profundizar en el género, Ridley (Love in the Margins) recopiló “Fuentes para lectores”: “Resources For Readers” el 27.04.2014. Recomendable para amantes de las listas, el enlace a la página RomanceNovels.Me y su lista de las mil mejores novelas románticas.

La página web Romance Novels for Feminists (Jackie C. Horne, 29.04.2014) animaba a contribuir al debate.

Finalmente, “Boom Goes The Canon: romance, the canon problem, and iconic Works” (30.04.2014), por Jodi McAlister, señala los problemas del concepto de canon y prefiere sustituirlo por el término “icónico”.

Me quedo con esta última idea. El término “canon” suena a algo demasiado sagrado e inamovible. Por ello quizá sea más cómodo hablar de libros icónicos o de referencia. Los imperdibles de la romántica.