lunes, 5 de diciembre de 2016

Crítica: “A Crime of the Heart”, de Cheryl Reavis



Una novela breve, pero muy emotiva e intensa.

DATOS GENERALES

Título original: A Crime of the Heart
Subgénero: contemporánea

Fecha de publicación original en inglés: 1988

NO TRADUCIDO AL ESPAÑOL

SINOPSIS (según la contraportada)

Un crimen del corazón
Seguramente, el antiguo escándalo sobre la forastera Quinn Tyler y el amish Adam Sauder estaba ya olvidado. Y nadie sabía la verdadera extensión de su “pecado” –que Quinn había tenido un hijo de Adam. Cansada del mundo y deseosa de una vida más simple, Quinn volvía a su casa del condado de Lancaster.
Sólo que nada era simple nunca más. Adam aún la quería –aunque maldecía su deseo. Y Quinn lo anhelaba como la mitad perdida de su alma. Pero su gente la acusa de un crimen imperdonable, y si ella dejaba que Adam volviera a su corazón, lo encontrarían a él culpable, también.

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
Diría que sí, en el cuatrocientos y algo. Ganó el ‘Golden Medallion’ (antepasado de los premios RITA) al mejor romance genérico largo. También logró uno de los premios de la revista RT en la categoría Silhouette Special Edition. Está dentro de la lista RT de “favoritos de todos los tiempos”. Además, aparece en listas de esas “especiales” sobre diversos tópicos: así, es una historia de amor y amistad entre el héroe y la heroína, y también es una de esas historias interculturales, entre un hombre amish y una mujer “inglesa”, es decir, estadounidense no amish.

CRÍTICA

Cansada de la vida moderna, tan frenética que le ha valido una úlcera de estómago, Quinn decide levantar el pie del acelerador e ir en busca de una vida más tranquila.
Para ello se traslada a vivir a la que fuera casa de su infancia, en un entorno rural.
Confía en que, después de estar ausente once años, nadie se acuerde de su pequeño escándalo juvenil.
Pero nada más entrar en su casa, ¿a quién se encuentra en su cocina, trabajando de carpintero?
A Adam.
Se conocen desde siempre. Trabaron amistad con esa naturalidad inconsciente de los niños, sin darse cuenta de que él pertenecía a una comunidad, los amish, de la que ella nunca podría formar parte. Con la adolescencia, esa amistad se convirtió en algo más profundo. Y ella se quedó embarazada. Sin contar con él, decidió irse, dar a su hijo en adopción y buscarse una vida lejos, en la gran ciudad. Lo hizo sobre todo por él, para que no renunciase a la única vida que conocía y apreciaba, para que no dejara de pertenecer a su comunidad amish.
Por si alguien anda despistado, los amish son aquella gente tan peculiar que salía en la película Único testigo, con Harrison Ford. ¿Cómo? ¿Qué no sabéis qué peli os digo? ¡¿Qué no os suena Harrison Ford?! Sí que soy viejuna… Pues si podéis, dadle una oportunidad, tiene una de las escenas más románticas de la historia (Don’t know much about history…), además de poder ver a Viggo Mortensen (de primera comunión como quien dice) en su primer papel de joven amish.
(Aunque, ¿quién se iba a fijar en él estando como estaba Harry o, en su defecto, el estupendo y nunca suficientemente llorado Aleksandr Godunov?)
((Tampoco sabéis de quién os hablo, ¿no?))
(((Lo dicho: viejuna total)))
Esta gente vive como en el siglo XVIII, sin usar la electricidad (o sea, sin electrodomésticos o teléfonos), coches o tractores. Son honrados, pacifistas, muy conservadores y con unos roles de género muy marcados; cultivan una profunda ética del trabajo, ganándose la vida como carpinteros o granjeros. Como una comunidad así anda siempre en vías de extinción, mantener la integridad del grupo y tener hijos es esencial. No pueden casarse fuera, tienen que comprometerse totalmente con ese estilo de vida. Y al que se descarría, lo expulsan y ostracismo total, vamos como si hubiera muerto.
Así que Adam y Quinn lo tienen crudo. Ella ha regresado porque necesita una vida más simple. Creía que Adam estaría ya casado y con hijos.
Pero no, sigue soltero. El reencuentro no es muy feliz,… y pronto descubrirán que siguen sintiendo lo mismo el uno por el otro. Lo tenían mal de jóvenes y ahora, otro tanto. Su final nunca podrá ser del todo feliz.
Es una de esas novelas añosas que la gente recuerda una y otra vez. Y tenía curiosidad, porque en principio estos libros tipo harlequín no tienen prevista una vida útil más allá de una semana en el kiosco. Y, sin embargo, perduran en la memoria de la gente tres décadas después.
A mí me ha encantado. No he podido dejar de leerla. Sí, se nota el paso del tiempo, es muy de los ochenta en el sentido de un ritmo narrativo reposado. Pero aguanta muy bien.
La historia es emocionalmente intensa, de esas que en más de un momento te pone un nudo en la garganta, y puedes acabar llorando. Porque la vida no es perfecta, a veces tiene cosas bastante perras, de esas que te muerden sin ladrar primero. Pero acabas el libro con la satisfacción de que los protagonistas se han reconciliado con quienes son y con su historia pasada.
Además, es bastante interesante leer sobre las extrañas costumbres de esta gente a la que se le paró el reloj hace trescientos años. Algo sabía de estos grupos; poquito, la verdad. Lo de que no usaban electrodomésticos o coches, por ejemplo. Pero ignoraba que tampoco dejan a los niños formarse más allá de un punto, ni leer libros “ingleses”. Esa ignorancia deliberada me ha sorprendido bastante. Aunque, mirándolo desde otro punto de vista, mucha gente es así de inculta, y no tienen la excusa religiosa.
Eso da pie también a que veas que el problema de Adam no es tanto el amar a una mujer no amish, sino más bien que ya desde el principio esa vida amish se le quedaba demasiado pequeña. Con esas inquietudes, es lógico que se enamorara de alguien extraño, de la misma manera que ansiaba leer libros o conducir un coche.
Lo cual, bien visto, le da más profundidad a la historia. No es sólo plantearse elegir entre mi amor y mi deber (algo más trilladete), sino entre un mundo y otro.
Tiene más que ver con que la perspectiva vital de Adam ya no es (quizá nunca lo fue) la misma que la de su comunidad, y está más próxima a las aspiraciones de Quinn: una vida sencilla pero no tan austera.
Y eso es lo importante para el éxito de un matrimonio: el estar en mundo de la misma manera. Hay un momento en el libro en que lo dice un personaje:

Creo que no importa cuán diferentes sean los miembros de una pareja en términos de dinero o religión o educación, raza o edad, o cualquier circunstancia en la que puedas pensar –mientras tengas una cosa. Y no es el amor, tampoco. Podéis ser idénticos, superficialmente, como dos gotas de agua, que si no tenéis la misma filosofía de vida, el amor no durará. Si no sentís lo mismo respecto a cómo vivir en este mundo, o la manera de tratar a los que en él viven y al otro, no vale para nada

En resumen, que si tenéis la oportunidad, leed este libro, es una historia dulce, romántica y bastante intensa emocionalmente. Es de esas que te trasladan a otro mundo de gente que vive hoy pero con una mentalidad trasnochada.
Valoración personal: notable, 4

Se la recomendaría a: los aficionados a la novela contemporánea con interés por otras mentalidades.

Otras críticas de la novela:

En All About Romance le dieron una B.
Como es la única que he encontrado, me veo obligada a recurrir a los “sospechosos habituales”, Goodreads (puntuación actual, 4.08).
Y Amazon.com (puntuación actual, 4.2).

Aprovecho para incluir enlace a este artículo de Heroes and Heartbreakers titulado “Speak Plain: Top 10 Amish Romance Authors and Books”, es decir, los 10 mejores romances amish, que no incluyen este entre los diez, pero lo menciona una de las personas que dejan comentarios.
Todo en inglés, que estas cosas aquí nos suenan bastante a chino.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Crítica: “Seducida por el enemigo”, de Maya Banks



Una de highlanders entretenida.
 
© de la ilustración de cubierta,
Franco Accornero via Agentur Schlück GmbH


DATOS GENERALES

Título original: Seduction of a Highland Lass
Subgénero: histórica / Edad Media s. XII
Fecha de publicación original en inglés: 2011
Parte de una serie: Los hermanos McCabe #2


1.ª edición en español: Planeta, 2013
Traductora: Anna Casanovas

SINOPSIS (de la contraportada)

Alaric McCabe siempre ha estado dispuesto a sacrificarse para defender los derechos de los suyos; por ese motivo ha aceptado desposarse con la hija del laird del clan vecino. Pero cuando se dirige hacia las tierras de su prometida, Alaric y sus hombres caen en una emboscada y son dados por muertos.
Keeley McDonald fue traicionada por personas de su máxima confianza, y desde entonces vive apartada de sus seres queridos. Cuando Alaric se desploma herido delante de su casa, ella acude en su auxilio y promete cuidarlo hasta que se recupere, lo que pondrá a prueba su capacidad para resistirse al deseo que el guerrero escocés despierta en ella.
Cuando ambos regresan al castillo de la familia McCabe, la pasión ha dado paso al amor. Pero la conspiración y el peligro los rodean y pronto Alaric tendrá que tomarla decisión más difícil de su vida: traicionar a su clan o a la mujer que ama.

¿Entra dentro de “Lo mejor de la novela romántica”?
Sí, allá por el puesto dos mil y pico. O sea, que tampoco es de las mejores-mejores, pero está muy bien. En la encuesta anual de All About Romance logró una mención honorable en la categoría Biggest Tearjerker, o sea, mejor lacrimógeno. Y su traducción al español estuvo en el puesto 8 dentro de “Lo mejor del año 2013” de “El rincón de la novela romántica”.

CRÍTICA

Este es uno de los libros que compré en una oferta con otras del mismo sello.
Como puede verse por la sinopsis, la cosa va de highlanders, y en sí el planteamiento no es demasiado original.
Alaric, segundón del clan McCabe, se ha comprometido con la heredera del clan McDonald. De esa manera pasará a ser el laird del clan McDonald, tendrá sus propias tierras y ayudará a su familia a mantener la paz y defenderse de los malos que acechan. Y también es un enlace que quiere el rey David.
Lo que ocurre es que, camino al castillo de los McDonald, sufre un ataque que mata a todos sus acompañantes. Sólo queda él, malherido. Consigue llegar a una cabaña que hay por ahí donde, por suerte para él, quien vive es una curandera, Keeley.
Keeley era del clan McDonald, que la rechazó por algo deshonroso, aunque la dejó vivir dentro de sus tierras, en esta cabaña apartada, donde trabaja como curandera.
Cuida del malherido guerrero: le cose, le atiende en su fiebre, etc. Es uno de esos trucos de romántica que yo llamo “hacer la Nightingale”. Da juego, por aquello de la intimidad forzada, el verse el cuerpo soberbio del guerrero, hacerse arrumacos muy poco propios de las profesiones sanitarias,…
El roce hace el cariño, ya se sabe. Tanto en la cabaña primero como en el castillo McCabe después, Alaric y Keeley no dejan de comerse con los ojos, y una cosa lleva a la otra, ¿para qué os voy a contar más?
El conflicto aquí radica en que Alaric tiene que casarse con la heredera McDonald para beneficio de su clan y también por esa ambición de tener tierras propias. Y Keeley ha sido repudiada por el clan McDonald, no se tiene más que a ella misma y sus habilidades como curandera.
O sea, que no deben estar juntos. No, no.
Pero llega un momento en que…

“Saborear la felicidad durante un segundo era mucho mejor que pasarse la vida con la amargura del arrepentimiento. Y si se muriera en aquel mismo momento, de lo que más se arrepentiría sería de ir virgen a la tumba”

Sí, el tópico ese de “no podemos estar juntos, pero sólo por una noche, vamos a darnos el gustazo”. Sólo que luego, nadie es capaz de dejarlo después. Esto es como la droga: nadie se queda en sólo una raya, por probar.

Una noche en tus brazos para poder recordarte cuando ya no estés aquí.

Ja.
Después de tantos años leyendo romántica, todos sabemos lo que va a pasar, ¿eh?
No había leído nada de Maya Banks y su estilo me gusta. Es ágil, ligerito, mucho diálogo. Es verdad que a veces todos suenan como muy adolescentes de instituto, y que es de esos libros pseudomedievales en los que surgen anacronismos cada dos por tres en la forma de hablar y de pensar. También en cosas ridículas, como un personaje hablando de “centímetros”. Vamos a ver, si los británicos actuales siguen sin aceptar el sistema métrico-decimal, ¿cómo iban a hacerlo los medievales… en caso de que el metro se hubiera usado entonces? Es una cosa de esas de la Revolución Francesa.
Pero sobre todo es por el tema de los conceptos mentales, que siempre son muy contemporáneos.
 “Un medieval nunca pensaría eso, nunca diría eso” –me cruzaba la cabeza aquí y allí.
Exacto, clavadito a Julie Garwood.
Vamos, que si eso es la Escocia del siglo XII, yo soy monja.
Sin embargo, con esta novela–a diferencia de lo que me pasa con la Garwood- pude suspender bastante bien la incredulidad y me dediqué a ver qué pasa con Alaric y Keeley. Creo que es porque Maya Banks no pierde el tiempo en episodios irrelevantes, ni tampoco hace de Keeley la mujer perfecta, asombrosa, guapísima de ojos violetas y universalmente adorada. No, Alaric y Keeley entran dentro de la normalidad, tienen emociones complejas, parecen personas bastante de carne y hueso.
¡Y qué carne, la Virgen!
La parte de tensión erótico-romántica está bastante bien hecha, muy excitante y explícita. De lo mejorcito de la historia.
Durante gran parte del libro no entendí por qué los lectores de All About Romance la consideraron lacrimógena, ya que todo resultaba bastante intrascendente. Lo que ocurre es que el amor entre estas dos personas acaba siendo una emoción muy intensa, que los tortura al verse divididos entre el amor y el deber hacia el clan, y llega un momento en que, oh, sí, mojas la pestaña. A mí me recordó a cierto momento de Los inmortales (la película) en la que también lloro como una magdalena.
Querría dedicarle una mención especial a la traducción de Anna Casanovas. Estupenda. Mira que siempre me meto con las traducciones de la editorial Planeta. Pues esta vez acertaron.
En el título no lo tengo tan claro. Alaric no es el enemigo de Keeley. No es una de esas en plan Romeo y Julieta. Por otro lado, no es que él la seduzca a ella, sino algo claramente mutuo, aunque es verdad que viene así en el original “Seducción de una muchacha de las Tierras Altas”.
Aunque forma parte de una trilogía de la que no he leído los otros dos, he podido disfrutarla sin problemas. No eché a faltar no haber leído la primera, Enamorado de su enemiga.
No es una novela que te vaya a aportar nada nuevo, pero es entretenida y pasas un buen rato. Luego la olvidas y a otra cosa.

Valoración personal: entretenida, 3

Se la recomendaría a: los aficionados a la novela histórica ligera y los fans de los Highlanders.

Otras críticas de la novela:
En español, tenemos dos críticas en “El rincón de la novela romántica” y en general la ponen muy bien. En el Blog de Vanedis la puntúan 4 sobre 5. Revista Krítica también le hizo una interesante reseña.
¿En inglés? Addicted to Romance de dio 5 blossoms. RT Book Reviews la calificó con 4 ½ estrellas y la consideró un Top Pick! Por último, Mrs. Giggles la puntuó 84/100 y señala que aun no siendo nada rompedor, sí que te enseña cómo contar bien una historia.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Cambio de foto: "Adela Carbone, la Tanagra", de Julio Romero de Torres



Cambio la foto que puse en la pestaña M&MB: la Santa Casilda de Zurbarán cede su sitio a Adela Carbone, la Tanagra de Julio Romero de Torres.

Por motivos diferentes, no hice cambio de foto ni en septiembre ni en octubre. Ahora que lo retomo, me doy cuenta de que no he puesto nada del pintor cordobés Julio Romero de Torres, a quien todos conocemos más por el tópico que por su auténtico mérito artístico, quizá por el uso y abuso que se ha hecho de sus imágenes.

Pero en sus cuadros, si te fijas bien, hay un nosequé desconcertante, un poco inquietante, como en las obras del simbolismo. Parece precioso, mujeres bellas, figuras elegantes, un fondo aparentemente inocuo,… pero hay un aire algo sombrío, como si fuera a ocurrir algo malo y aún no sabe el qué.

Como pintó a muchas mujeres morenas (acordaos del pasodoble "La morena de mi copla"), tenía bastante donde elegir. He escogido un retrato pintado hacia 1911 de Adela Carbone, escritora e intérprete italiana, sobre todo porque me encanta su vestido, tan de la época eduardiana pre-Primera Guerra Mundial. Soy así de superficial.

Y sí, es fácil describir a Carbone como “mujer morena, / con los ojos de misterio / y el alma llena de pena”.

Sostiene en la mano una bailarina de terracota, la Tanagra del título, simbolizando su vocación artística. En el fondo, una escena cordobesa que recuerda al clasicismo, en sus arcos de medio punto y su estatua ecuestre en lo alto de una columna.

Dicen aquí (el catálogo de subastas de Sotheby’s), que “Romero había visitado Italia en 1908 y admirado a los maestros del Renacimiento, particularmente a Leonardo, Rafael y Pietro Perugino. En la composición general del cuadro domina su admiración por este período artístico, desde el vestido de Carbone, al elaborado fondo arquitectónico del segundo plano”.

Julio Romero de Torres murió en su Córdoba natal el 10 de mayo de 1930.